Creía que no quería a mi hijo, era una de las peores épocas de mi vida

Tras este post en el que hablábamos sobre los pezones planos o invertidos, hoy os quiero contar un relato real de una mamá cuya lactancia ha sido muy complicada debido a diversos factores, una lactancia muy dura en la que ella misma pensaba esto: Creía que no quería a mi hijo, era una de las peores épocas de mi vida…

Espero que os guste, tanto como a mí:

Nadie te cuenta que la lactancia puede ser muy dura. Bueno, igual si que te lo cuentan pero crees que eso no te va a pasar a ti… ¡Ay amiga! Todo va bien los primeros días con el calostro, pero en cuanto te sube la leche empiezan las dificultades y sobre todo si tienes pezones planos, como en mi caso. 

Nunca me había preocupado que mis pezones no se endurecieran, de hecho lo agradecía cuando llevaba camisetas ajustadas, pero nunca pensé que eso pudiera condicionar mi lactancia.

Mi parto comenzó muy bien pero al final se torció, no entraré en detalles porque logré evitar la cesárea en el mismo quirófano donde me preparaban para ella, eso sí, con prueba de parto y maniobra Kristeller incluida. No tuve piel con piel con mi bebé, ni sé cuánto tiempo se llevaron a mi hijo para explorarlo, pero a mí se me hizo eterna la espera. Me llevaron de nuevo al paritorio,

  • ¿Tienes a alguien fuera?
  • Sí, claro, a mi marido, llámenlo, por favor
  • Sí, porque si no hay nadie contigo no podemos traerte al bebé.

Y claro, yo era primeriza y no sabía de protocolos, yo solo quería a mi bebé. Y cuando me lo trajeron y lo pusieron a mi lado no sabía qué hacer con él… 

  • ¿Cuándo puedo darle de mamar?
  • Ya mismo, ¡póntelo cuanto antes!

Y así lo hice. Al cabo de un rato apareció por allí una matrona a quien pregunté si era así como tenía que ponerlo. Me sentía tonta preguntando cómo poner a mi hijo al pecho. ¡¡Soy mamífera!! Se supone que debería saber hacerlo. Pero no, no sabía ni eso, ni lo que estaba por venir. 
Llegó la segunda noche y mi bebé lloraba desconsolado, me lo ponía al pecho y no se agarraba, ¿qué estaba pasando? Salí al pasillo llorando en busca de ayuda y una enfermera me endosó un biberón. 

  • Toma, tiene hambre.
  • ¿Cómo? Pero si yo le estoy dando pecho.
  • No es suficiente, ¿no ves como llora? Necesita más. Toma.

Volví a mi habitación con un biberón en la mano y lo dejé en la mesita. No quería dárselo, pero ¿y si lo que pasaba era que tenía hambre y esa enfermera tenía razón? Mi marido no quería dárselo, y  allí se quedó.

Yo tenía los pechos durísimos y mi pobre hijo no podía agarrarse, no había pezón y su boca no podía enganchar nada, imaginaos intentar agarrar con la boca una piedra enorme y redonda… Él lloraba y yo lloraba. ¿Y ahora qué? ¿Por qué antes no había tenido problemas y ahora todo iba mal? Pues porque ahora había leche, mucha leche y mi bebé no sabía agarrarse a esos pechos tan duros. 

Ya sabemos que sí se puede dar de mamar con pezones planos o invertidos, los bebés maman de la areola y no del pezón. Pero por más que nosotros lo intentábamos, mi hijo no lograba engancharse y mi pecho cada vez estaba más duro y claro, cuanto más duro estaba, más dificultad tenía el bebé, así que él lloraba y yo lloraba.

Creía que no quería a mi hijo, era una de las peores épocas de mi vida, caso real problemas con pezones invertidos o pezones planos

Vinieron dos matronas y una enfermera a ayudarme, una de ellas me dijo que me pusiera pezoneras, pero yo no tenía de eso. ¿Cómo iba yo a pensar que no iba a poder darle el pecho a mi hijo?  También me enseñaron la técnica Hoffman, que consiste en hacer unos masajes en el pezón para que sobresalga un poco y el bebe se enganche. Esta técnica solamente me salió una vez delante de ellas, al llegar a casa  me resulto muy complicada y por más que masajeaba no conseguía nada, así que otra vez a llorar mientras el bebé hacía lo mismo.

Me pasé toda la tarde y toda la noche con él al pecho, cuando lograba engancharse y succionar un poco, se quedaba dormido, se soltaba y vuelta a empezar. 

Al día siguiente mi marido me trajo una jeringuilla para que intentara sacar el pezón, ya sé que no está aconsejado, pero estaba ya muy desesperada y mi hijo no paraba de llorar. Cuando vi que sobresalía un poquito el pezón me alegré tantísimo… Me puse a mi bebé al pecho pero seguía sin agarrarse bien, hacía chasquidos y se le hundían las mejillas y eso, según me habían comentado, no es síntoma de buen agarre. ¿Qué pasaba entonces?  Nunca lo supe. Probé mil posturas y posiciones y a veces se cogía a la primera, otras veces nos desesperábamos de intentarlo, pero yo quería seguir intentándolo. Me había propuesto darle al menos tres meses el pecho, pero eso para mí era un calvario, me sentía fatal porque creía que no quería a mi hijo, no era tan maravilloso como había pensado y creía que era una de las peores épocas de mi vida.

No llegué a tener grietas pero si una especie de ampollas que hacían que odiase el momento de darle de mamar porque me dolía una barbaridad. 

Una semana antes de que mi bebé cumpliera dos meses era tan insoportable aquel dolor que mi marido al verme llorando fue a la farmacia a por un bote de leche de fórmula, aunque su cabezonería y sobretodo la mía, hicieron que no llegase a abrirlo nunca.

Fui a grupos de apoyo de lactancia materna y a ver a mi matrona en varias ocasiones. Me valoraron el agarre y todo estaba bien, lo estaba haciendo todo al pie de la letra y aquello seguía sin funcionar a pesar de que el niño estaba cogiendo peso a muy bien ritmo ¿Pero por qué dolía tanto?

Una de las posibles respuestas fue que pudiera tener frenillo corto, a simple vista no se veía nada. La pediatra y la matrona me dijeron que no lo tenía, pero yo necesitaba algo que explicase porque mi lactancia no era perfecta, así que me fui a un pediatra (supuestamente) especializado en frenillos que tampoco me solucionó nada. «Bueno, parece que mueve la lengua bien, pero no me deja mirarle del todo, es que no lo veo del todo claro. Además está muy bien de peso».

Y de vuelta para casa con mis dolores. Aguanté mucho, lloré lo indecible, sufrí más que nunca, pasé por una depresión postparto brutal, pero al cuarto mes empecé a ver la luz.

Como por arte de magia la lactancia empezó a ir como la seda, ya no tenía dolores al amamantar, las tomas interminables se convirtieron en tomas de 5 minutos. Lo había logrado. Y yo, que sólo quería darle tres meses de pecho al final tuve una lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y la prolongué varios meses más. Costó establecerla, vaya si costó, pero mereció la pena.

No sé cuál fue realmente el problema de nuestra lactancia, una amiga asesora piensa que al principio los pechos piedra complicaron mucho el agarre y después el frenillo sublingual lo hizo aún más difícil.  Lo que salvo nuestra lactancia no fueron los ejercicios de Hoffman, ni la jeringuilla para sacar el pezón, fue el tiempo y la evolución en la boca de mi niño.

Un aviso a las mujeres de pezones planos o invertidos: Es muy difícil, es muy duro, es agotador y puede ser muy doloroso, pero se puede lactar y además merece la pena. Sed fuertes.

 

Gracias por compartir vuestras experiencias conmigo.

 

Si te ha gustado, ayúdame a llegar a más gente. ¡Gracias!

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